lunes, 27 de octubre de 2014

Unos Flamencos y pacíficos Gabanes




Un buen día la laguna habló viendo como los Gabanes Huesitos y los Flamencos discutían. La laguna viendo la resistencia y tensión de ambos les dijo: Como Ustedes no logran ponerse de acuerdo para comer mis frutos,  mis cangrejos, mis peces, mis camarones, creyendo que se agotan y no son suficientes,  yo como  agua me secaré,  y Ustedes se van a tener que ir de aquí o comer compartiendo lo que hay ¿ Cómo van a ponerse de acuerdo y servirse los unos a los otros ?

Con tal dictamen sobre sus cabezas, ambas aves acuáticas buscaron el Juez la Cotúa  Olivácea toda negra y sobria de cristalinos ojos marinos que miran mas allá de toda mentira y le plantearon el problema de la sequía de la laguna,  la escasez y quién comía mas o quién comía menos. El Gaban Huesito expuso el inconveniente de ponerse de acuerdo con los Flamencos argumentando que no le parecía necesario porque ellos metían medianamente su cabeza en el agua y los Flamencos la metían completa porque filtran el agua,  así que se podía concluir que quiénes comen mas son los Flamencos y que ellos en todo caso son los que deben irse. Los Flamencos expusieron que ellos perderían sus vestidos de color rosados-naranja si los obligaban a marcharse y que quedarían incoloros y descoloridos y que así no podrían volar porque no se iban a poder reconocer los unos a los otros en el azul del cielo.


 La Cotúa Olivácea les dijo: -Muy bien cada quién dio su explicación  no sé aún porque piensan que necesitan comer tanta comida , no les parece que pueden  compartir el agua ? Respondió el Gabán, que no porque ellos que vuelan a  ochocientos metros sobre la laguna, con el frío que hace allá arriba necesitan sostener su vuelo por varias horas y como  volar requiere mucha proteína y mucha energía ellos necesitan asegurar su comida. Seguidamente contestaron los Flamencos, quiénes no necesitan mucha comida porque con pararse en una sola pata conservan su calor aún cuando el agua de la laguna se enfría así que intervino nuevamente el Gabán y comenzó de nuevo la discusión. Intervino nuevamente la Cotúa: Señores no se diga mas. Visitaré a cada grupo de aves y anotaré que puede hacer el uno por el otro ya que se les hace difícil distinguir en qué son buenos y para qué son buenos.

Al día siguiente la Cotúa Juez se fue con su libreta y sus binoculares y vió como los  Flamencos se movían coreográficamente de un lado a otro, cómo movían sus picos y patas en un baile armonioso y acompasado y anotó son buenos bailando.

Siguió para los Gabanes y escuchó  sus picos ruidosos, como si se tratara del rítmico sonido emitido por las castañuelas españolas y anotó son buenos tocando las castañuelas.
Al día siguiente fueron llamados Gabanes y Flamencos y la Cotúa Juez dictó la sentencia para ordenar al agua que no se secara
- Para que la laguna no se seque los Flamencos han de bailar al son de las castañuelas de los Gabanes.

 A partir de ese dia cuando los Flamencos bailan es que mas atrás deben estar los Gabanes tocando con sus picos las sonidos agudos y graves de las castañuelas, encendiendo el fuego carmín de sus alas . Así la laguna no se secó y el fruto abundó.

Textos: Rosaelena Albornoz
Fotografías: Edgloris Marys
tweeter: @AlbornozRosa y @ysiempreverde

domingo, 19 de octubre de 2014

Habla la Naturaleza...vas a escuchar?

Seis famosos actores/directores de cine Norteamericanos han prestado sus voces para uno de los proyectos más ambiciosos de Conservación Internacional: "Nature is Speaking". Bajo el hashtag #NatureIsSpeaking, la organización sin fines de lucro produjo una serie de impresionantes videos en los cuales la tierra, los bosques, océanos y otros elementos son protagonistas. 
Nature is Speaking... will you listen?

viernes, 10 de octubre de 2014

¿Y qué dijo el colibrí ?



El Cola de Hoja Ocreatus underwoodii tenía ya varios días buscando la flor roja de múltiples hebras de la cual tanto se hablaba en la montaña. El poder de esa flor era un néctar que otorgaba energía y vigor a quien se alimentaba de ella. Era un tiempo cercano a las primeras lluvias, donde había muchos árboles en flor, pero no todos de néctar vigoroso. Al no haber muchos insectos, y con una clara falta de agua, el Cola de Hoja se dispuso a volar buscando la poderosa flor.

Llegó el Cola de Hoja underwoodii luego de tres días de vuelo en la montaña muy temprano en la mañana a un árbol de distancia de la renombrada flor roja de Cepillo y vio el obstáculo que le hizo pensar que no podía llegar jamás a sus estambres. No quería siquiera soñar probarla y mucho menos pensar en alimentarse de su néctar al ver que tenía que superar la barrera de cientos de Colibrí Serrano Gargantiazul (Adelomya melanogenys) que revoloteaban la flor. Sus vuelos intimidaban al que pretendía acercase. La protegían como celosos guardianes. La flor de múltiples estambres, alimentaba y soltaba el néctar si el vuelo de los colibríes eran con estilo acrobático. Y si eran fieros en su defensa, mas los alimentaba. Ese era la forma en que ella les pagaba por sus vuelos. Y así una exhibición permanente de múltiples colibríes la rodeaban. 

El Cola de Hoja se preguntó así mismo ¿Cómo poder probarla si ellos vuelan más rápido, con mas fuerza, y son mas escandalosos cuando comen ? Cuando volaban se hacían sentir, demostrando vigor y fortaleza. Yo en cambio -se decía a si mismo- soy de vuelo lento, no hago mucho ruido y cuando me alimento me cuesta mucho levantar mi cola como lo hacen los Serranos. Cuando me alimento apenas logro abrir la cola porque tengo dos hojas pesadas que guindan de ella. Cuando finalmente se decidió en ir volando en su primer intento hacia la flor de cepillo, se quedó enredado por su larga cola entre hojas y ramas y todos se rieron de él. Su cola era un impedimento que le hacía que su vuelo no fuera rápido, sino cuidadoso y lento. No podía con la frustración e indignación.

Al segundo intento al finalizar la tarde de ese día, comenzó a caer un tremendo palo de agua, el primero de la temporada, que lo detuvo a la mitad del trayecto, lo que le hizo retirarse. Ya perturbado por el hambre y por la contrariedad y su imposibilidad de volar con destreza, le costó conciliar el sueño. ¿Cómo podría llegar a la flor sintiéndose tan torpe y sin saber volar acrobáticamente como todos lo hacían? Él no tenía más nada consigo que su cansancio, su frustración y dos hojas que colgaban de su cola. Al día siguiente en el alboroto del amanecer, el Cola de Hoja underwoodii veía como comenzaban los vuelos acrobáticos de los Serranos Gargantiazules, que llegaban hasta lo alto del árbol y caían con gran velocidad. 

Ese día se cansó de sentirse menos y gritó a todos a viva voz y muy fuertemente: “Me siento mal por no volar como ustedes, porque yo vuelo como un abejorro, son mejores que yo en vuelo, en velocidad, en defensa pero mi larga cola trae dos hojas para la flor que serán de su agrado” y lo dijo como para coger fuerza ante los Serranos. Así se lanzó, sin temor, volando con su estilo abejorro, lento, callado y sin algarabía, voló abriendo sus alas entre ramas, palos, no se enredó con su cola, que logró dominar, maniobró, esquivó a varios Serranos que intentaron bloquearlo, se llenó de un coraje que no tenía y así finalmente con calma y con un gracioso vuelo, llegó a los estambres y a la flor de cepillo, quién descargó su néctar y esta es la foto del momento en que Cola de Hoja se alimentaba de la flor. Mientras los Serranos siguieron su disputa de quién acrobáticamente volaba mejor.

Texto: Rosaelena Albornoz
Fotografía: Edgloris Marys

domingo, 21 de septiembre de 2014

Una cuestión de honor




La reputación de Joseph Paxton estaba en juego. La competencia por hacer que la Victoria regia floreciera y fuera mostrada a la Reina Victoria, era cuestión de honor.  Ya la Reina le había dado el Título de Caballero por haber construído el mejor invernadero de Europa el Crystal Palace un edificio cuatro veces mayor que la Basíilica de San Pedro, donde además de orquídeas y otras plantas exóticas, la gran hoja, incomensurable, extraña, fuerte y misteriosa Victoria regia, habitaba. La hoja de la Victoria, impulsó al diseño del invernadero que era para la época fuente de atracción y multitudinarias visitas para ver una hoja sin igual proveniente de America, vista botánicamente por Aimée Bonpland y otros   como Tadeas Haenke quien murió en Bolivia, en el intento de quedar como padre del  descubrimiento. Tras muchos intentos y frustrantes recreaciones del medio acuático donde vivía la Victoria en América, para que floreciera, llegó como parte de su equipo de jardineros victorianos, Eduard Ortgies, proveniente de Alemania, con muy buenas referencias como jardinero en Berlín. Visitaba el invernadero Anni la hija de Sir Paxton, el primer día de trabajo de Ortgies como jardinero momento en el que se consiguieron frente al estanque artificial que se había construído para la Victoria y le preguntó
-Eres el nuevo jardinero ? Dificulto que florezca esa planta, los tres jardineros que intentaron floreciera, no lo lograron y fueron despedidos. Reproducir el agua de los ríos americanos ha sido difìcil , menos aún reproducir los rayos del sol y el calor inclemente.  El Duque de Northumberland, ya ha ganado el Duque de Devonshire florecienciendo orquídeas para la Reina, quien quiere ver la Victoria florecida y nadie lo logrado. Te deseo suerte.   Anni desapareció fugaz del invernadero. Decían que era enamorada de las plantas y no conversaba con los jardineros cuando estaba el papa presente. Pero Anni le gustó Eduard Ortgies, la pareció sencillo y callado. No era cualquier jardinero. Día tras día ambos se veían mientras Ortgies realizaba  las pruebas, los progresos, las pérdidas de  semillas que se quedaron sin germinar y sólo quedando dos semillas con las cuales seguir intentando crecía la tensión en Ortgies, quién no lograba ver ningún bulbo crecer. Ni asomo. Era ya principios de Noviembre, el invierno iba a empeorar todo. Ya se escuchaba que en los jardines  del Duque de Northumberland hasta habían traídos indíos guaraníes para que probaran el agua para ver si sabía igual que al agua donde vivía la Victoria en los espejos de agua americanos. Pero fueron  casi tres meses sin dormir, sin separarse de la Victoria, tocando, hablando, moviendo la gran hoja, el barro o limo que había que poner como fondo en el agua, imitando el ambiente húmedo del habitat americano hasta que poco a poco el bulbo comenzaba a salir a la superficie del estanque. Falta poco Anni, falta poco Sir Patxon. Falta poco. Desesperados por ver salir a la luz esa flor desconocida y sólo vista tras incómodos viajes a la América, ahora  por primera vez en el Reino Unido. 
Cuando floreció Anni le dijo a Ortgies:

On unbent leaf in fairy guise
reflected in the water, Beloved, admired by hearts and eyes


Quedó prendidamente enamorada Anni de Ortgies finalmente lo había logrado. Cuando fué llevada la flor a la Reina Victoria esta dijo: "Exacta y bella a la ilustración, Gracias" dijo la Reina con gran sonrisa y feliz de no tener que echarse al viaje de meses a América para ver la flor de la exótica planta.

Eran  las casi cuatro de la tarde, y me encontraba boceteando las hojas de las Victorias en la laguna Venezuela del Jardín Botánico de la Universidad Central cuando Anni y Ortgies me contaron como floreció en Europa la Victoria regia. Una planta singular con una flor ante la cual hay sin duda hay  inclinarse.


Textos: Rosaelena Albornoz @AlbornozRos
Ilustración: Wikipedia, Rosaelena Albornoz
Fotografías:  Enrique Ascanio  y Edgloris Marys 


viernes, 12 de septiembre de 2014

Máquina del tiempo



   Sabía que mi turno de visitar ese jardín llegaría de alguna manera. Bajo una inclemente lluvia esperaba a que me pasaran buscando, mi hermana Diana y nuestro amigo Enrique. La lluvia puso el ambiente un poco frío. Contabamos con aproximadas tres horas de luz  para ver cuáles especies de colibrís habitaban en ese jardín así que no podíamos dormirnos, teníamos que ver todo de forma rápida. Tenía listos mi bolso,  cámara, binocular y libros en mano. Pero la espera y la lluvia me disgustaron. Ese jardín tenía que darme la oportunidad de tomar unas buenas fotos en tres horas. Adicional me sentía inquieta,  en definitiva tenía que aceptarlo la lluvia detuvo mis planes de una visita perfecta. Me habían comentado que quien iba al jardín de Enma quedaba prendado por las especies de colibríes de su jardín. Serían las mismas especies de colibríes que existen en Caracas, pero siempre es retador tratar de buscar uno nuevo o tropezarse con el que menos se ve. 

   Fuimos recibidos por Emma, quién con brazos abiertos abrió la puerta de su jardín.  Una vez sentados nos ofrecieron agua y café. Y pienso que el café tenía alguna sustancia o aditivo De pronto me ví sentada trescientos años atrás, frente a las Cicas  tan clara y distintiva el macho de la hembra. La temperatura muy fresco mas bien hacía frío, me hacía sentir en medio de un privilegiado bosque, pero esta vez ocho millones de años atrás, tenía al frente de mí cientos de multicolores bromelias con sus tanques y copas rebosadas de  aguas con diminutas plantitas  y ranitas en su interior. Neoregelias Lorena, Neoregelia compacta, Neoregelia “Yang”, Neoregelia compacta, Neoregelia Fireball, Guzmania Superb, Aechmea chantinii, se mostraron ante mi.

Cycas femenina y masculina

Cyca femenina

Cyca masculina

   Fui  despertada de mi paso por la era prehistórica cuando Enma me preguntó:
-Y ya viste los colibríes que visitan el jardín ? Sentí una pena terrible, me había distraído con las plantas y tomé los binoculares y el libro y rápidamente fui contando hasta diez y nueve especies de colibríes, entre ellos mi guerrero Colibrí orejivioleta marrón, Colibrí orejivioleta grande, Colibrí verdecito, Mango Pechinero, Ermitaño Limpiacasa…hasta que me detuvo un colibrí de color marrón sucio,  una especie desconocida para mi. Era como un Mango Pechinegro y en efecto Enma tiene en su jardin un Mango Pechinegro, pero albino, así fué descrito por los expertos. Ya eran casi las 6 y media y los colibríes aparecieron como moscas, en bandadas, era la última hora del día para alimentarse . 



   El particular sonido del vuelo, parecido al de la abeja, arreció. Eran como 300 colibríes.  Quiénes con mucha prisa, comen respetando su turno para libar el néctar artificial de los aproximados 30 comederos que Enma tiene instalados estratégicamente en su jardin. Habían pasado tres horas ya el sol daba sus últimos rayos. Ya me sentía alegre en sintonía con el jardín de Enma, me había olvidado de la luz o las pocas horas que tenía para la visita. 



   Un vino tinto Merlot servido a la temperatura de quince grados servido por Antonio el esposo de Enma me permitó ver a Enma cuando era niña y cuidaba con devoción sus maticas que tenía en un patio para ella sola por allá en San Juan de Los Morros imitando lo cuidadosa y amante de las plantas de su madre. También logré ver a la Enma que asistía a la escuela y pude a su maestro que pedía frutas a los alumnos para dar de comer a los pájaros que visitaban el árbol del patio central de la Escuela. Un maestro como pocos. Comenzaba a llegar la noche y con ella la conversación junto al vino, y los visitantes del jardín Diana y Enrique. Ellos siguieron tomando junto a Enma y Antonio. Yo decidí dejarlo hasta allí, estaba relajada, no necesitaba mas que quedarme tranquila . Fue una visita perfecta.  

Yo soy Mango Pechinegro albino
Fotografías y textos: Rosaelena Albornoz.
Colibrí albino: Enrique Ascanio
Textos: Rosaelena Albornoz , twitter @AlbornozRos y ysiempreverde
Sigan en FACEBOOK en Pescando en mi Jardín, las aventuras de Enma Pescador y sus colibrìes.

sábado, 19 de abril de 2014

Una caída estrepitosa


Carmela leía un libro cuando sintió un ruido aparatoso, que parecía venir de la ventana del vecino. Se paró y fue a la ventana. Todo estaba normal. Debe haber sido imaginación mía, se dijo. El sueño la venció y decidió dejar la lectura hasta allí. Continuaría el día siguiente. Al levantarse muy tranquila, luego de un reparador sueño, se asomó desde su cocina por la ventana y se asustó por lo que vió , un zamuro perchado en el pretil de la ventana del vecino del piso cuatro en un pretil que además tenia un florero con flores secas recordando un amor pasado o una ofrenda olvidada. El escenario era medio tétrico. Eran las 6 y media de la mañana de un día domingo. No había ruido  del vecindario. Carmela se agitó y pensó, este debe haber sido el ruido que sentí anoche. Este zamuro se cayó o tiene muchas horas allí  tratando de salir luchando con esa persiana. ¿Tendrá una pata rota ? ¿o un ala rota ? Carmela fue a buscar sus binoculares le gustaba observar aves y su sorpresa fue aún mayor, no había visto tan cerca a un zamuro. Logró detallarle que en el cuello le saltaban unos cositas negras, unas tras otras . Eran como unos insectos, moscas, pegones o algo así, que le recorrían el cuello. Le pareció asqueroso pero a la vez cómico. Parecía un circo de alegres acróbatas. Mientras el zamuro miraba asustado a Carmela. Se movía sin quitar la mirada sobre ella. Carmela entraba y salía de la ventana. Se hizo un café negro para despertarse y estar a tono. Y siguió observando con sus binoculares al zamuro. No salía de su asombro. Un zamuro en el vecindario ! Pero del asombro pasó de inmediato la preocupación del destino del zamuro. Cuando se despertarían los vecinos se iban alarmar y quién sabe que iba a ocurrir. Carmela comenzó a ver las posibilidades de salvarse el zamuro. En caso que lograra volar,  la distancia que había entre la pared del edificio y la ventana era insuficiente, corta. No iba a poder impulsarse para salir volando. El zamuro no iba a suicidarse y lanzarse hacia abajo. Volar hacia arriba iba ser imposible. El cielo estaba lejos. Mientras preocupada por el destino del zamuro y cómo iba salir de allí, lo seguía observando. Los insectos saltarines parecían hacer una función especial.  El zamuro cada vez estaba mas nervioso. El sol seguía levantando y Carmela decidió salir a desayunarse en la pastelería. Y mientras se vestía pensó, llamar a los bomberos para que lo saquen de allí, porque aparentemente  no hay nadie en ese apartamento. Si pasó allí la noche es que no había nadie. Asi que sería mas difícil ayudarlo.  Se marchó a la pastelería y allí mientras tomaba otro café y comía un pastelito recibió la llamada de su  vecina Martha
–Vecina buenos días ¿vistes al zamuro ? que pavoso ! Mira que hacemos porque ese zamuro trae mala vibra. Hay que sacarlo. Voy a llamar a los bomberos para que se lo lleven ¿ que se te ocurre a ti ?
-Vecina llamé a los bomberos pero me dijeron que llegarían cuando no tuvieran ningún caso que atender, estan ocupados. Bueno esperemos, ya vendrá la ayuda. Carmela colgó la llamada e intentó comer su pastelito. Se quedó preocupada. Pobre zamuro, se dijo,  dentro de poco seguirían sacándole el cuerpo otros vecinos, mirándolo feo con sus comentarios y críticas, si era pavoso, si alguien se había muerto, si era calamitoso, en fin. Lo que siempre dicen de los zamuros.

Mientras leía la prensa Carmela recibió una llamada. Vecina ya está resuelto el problema del zamuro. Llegó el dueño del apartamento y le echó un balde de agua, el pobre zamuro voló golpeándose contra las ventanas y se paró en la ventana del piso dos El bicho no sabía como volar entre las paredes internas del edificio. Y como quedó atontado los vecinos gritaban que pavoso ! que asco ! alguien se va a moriiiir ….! entre esos gritos los vecinos se debatían y cómo los bomberos no dieron seguridad de venir Frankys pidió permiso a la vecina del piso dos para entrar a su apartamento y cargar al zamuro. Lo cargó sin asco. Tu sabes el creció en el campo. Simplemente lo cargó y el zamuro se dejó cargar. Lo soltamos en la azotea y salió volando muy de prisa.  Carmela sonrió. Alguien finalmente se compadeció ayudando al zamuro a salir del laberinto.


Textos e ilustración: Rosaelena Albornoz

domingo, 13 de abril de 2014

La partida migratoria


Golondrina Risquera -Cliff swallow
En un tendido eléctrico descansaban cientos de miles de Golondrinas Risqueras que en horas, partirían en su viaje migratorio a San Juan de Capistrano en California, Estados Unidos. Para muchas golondrinas este sería su primer viaje a través de centro América, por lo que el temor al no saber afrontar los vientos y fluir en su vuelo con el calor de las termales, paralizaba sus pequeños músculos y su mente tan sólo pensarlo.

Frente al tendido eléctrico en medio de un pequeño bosque de galería,  esperaban igualmente para partir las Reinitas Rayadas, quiénes muy inquietas subían y trepaban los árboles, buscando qué comer. Ya la hora de partir se acercaba y no iban a tener otro sitio donde reponer fuerzas y descansar. Estas reinitas volarían sobre el mar Caribe, las Antillas y llegar el este de los Estados Unidos.

Muy asustados ambos pájaros se encontraron tomando agua en el río que estaba en frente hasta que una le dijo a la otra
-¿Es tu primer viaje por el mar Reinita Rayada ? preguntó la Golodrina Risquera
-Si es el primero. Y tengo miedo porque no sé si sé podré volar a la velocidad que alcanzan los adultos. Además viajamos de noche durante 50 horas sin parar teniendo debajo de nuestro cuerpo sólo agua salada, hasta conseguir la primera isla donde detenernos.

Reinita Rayada Blackpoll warbler
La Golondrina Risquera le contestó:

- Bueno para nosotros es un poco más fácil porque viajamos en grupos numerosos y el primer vuelo siempre da miedo y temor.  Si quieres,  te puedes unir a nuestro grupo y llegar a Estados Unidos por la por América central. Es fácil. Irás con mas confianza en ti. La salida es mañana en la mañana, de los alambres del tendido eléctrico.

Al llegar a los arbustos, informaron a las Reinitas Rayadas que esa noche se realizarían vuelos de prueba. Los mas juveniles probaron sus alas y aprendieron la técnica de vuelo batiendo sus alas hasta 20 veces por segundo. Los instructores, los mas viejos se aseguraron que todos aprendieran la técnica. La técnica era sencilla, lo que no sabía era cómo se podía cruzar tanta agua sin ahogarse. Todavía sentía miedo.

Al amanecer vió como comenzaban a salir en grupos numerosísimas Golondrinas Risqueras y los alambres iban quedando vacíos.  Salían batiendo las alas poderosisimamente.  Asi se iban volando, sin mirar atrás. Avanzado el día, el mas viejo del grupo de las Reinitas anunció la noticia de la partida migratoria y que el propósito era volar al unísono. Nuestras amigas Golondrinas partieron  hoy para San Juan de Capistrano allá buscaran hacer nido y familia. Nosotros las Reinitas Rayadas, llegaremos a  Nueva Scotia donde igualmente buscaremos hacer nidos y tener nuevos hijos entre nosotros. Batan sus alas 20 veces por segundo, y en grupo superaremos esta larga noche y largo día. Juntos lograremos atravesar el mar.

Se quedó mas tranquilo con la información y sin darse cuenta, llegó la hora de partir, momento en que abrió sus alas, sin miedo. En plena oscuridad pero con la luz de las estrellas se dispuso a confiar en la dirección del viento y en la guía certera de los mayores, que tienen siglos en esto. Juntos llegarían mas fácil a destino. Juntos.

Textos e ilustración: Rosaelena Albornoz

domingo, 9 de marzo de 2014

Cinco mil kilómetros de vuelo



Era un águila pescadora muy parecida a las demás. Una cabeza blanca, ligeramente encrestada , con un ojo que le cruza una lista obscura que luego le baja a lo largo del cuello. Es sostenida con determinación en las manos expertas de Rob quién le coloca un capuchón en sus ojos, mientras le instala un radio transmisor para poder seguir sus vuelos por la Costa Este de los Estados Unidos. También el radio sirve al propósito de seguir el viaje migratorio de ida y regreso a Suramérica. 

Concluído el ajuste, el investigador entregó el águila a un voluntario quién la liberó mientras veían como abría sus poderosas alas arrastrando aproximado kilo y medio de plumas, huesos y músculos, desafiando la gravedad. Se desprendía así de manos extrañas y desconocidas que la ataban. Rob se quedó mirando mientras el águila tomaba altura. 

Pensó en North Fork Bob una de las águilas adultas del grupo y que iniciaría su tercer viaje migratorio. North Fork Bob había sobrevivido las inclemencias del tiempo, de cazadores y de piscinas de tentadores cultivos de pescados usuales en países como República Dominicana, Colombia y en algunos sitios de Venezuela. Esta sería una nueva temporada de vuelo y Rob no sabía si su águila más adulta, iba a luchar contra todos los obstáculos y llegar exitosamente al destino que sólo North Fork Bob conocía.



Salió North Fork Bob de Long Island un 29 de septiembre. Le tomó 10 días viajar por la costa Este, hasta el punto mas lejano del Estado de la Florida , Florida Keys. Esos días fueron días tranquilos y sosegados. Habían períodos de seis horas de vuelo y el resto de descanso hasta que continuaba su viaje el día siguiente. Rob no tuvo que tomar mucho café para estar pendiente del viaje, asì que durmió tranquilamente en su sala de monitoreo. Cada parada de North Fork Bob era para descansar y alimentarse. Para el 12 de octubre North Fork Bob estaba en Cuba, la cual recorrió durante 10 días. Todo iba bien, el transmisor emitía la señal, Rob podía ver exitosamente el progreso del viaje. 


Para el 22 de octubre Rob leyó en las noticias que un huracán de grado 3, Sandy sería el primer obstáculo que North Fork Bob encontraría en su viaje. El café fue su acompañante durante esa noche. Los doctores siempre la decían que se quitara el café. Que era mejor para su salud.  Algún día, con alguna razón, me lo quitaré se decía así mismo. Sus nervios comenzaron a presagiar un peligro difícil de superar. La inquieta águila, también sabía de clima y decidió acelerar su salida de Cuba. Esa noche North Fork Bob llegó a República Dominica, momento a partir de cual el transmisor no emitió mas señal . Rob se puso muy nervioso ¿se habría dañado el transmisor ? Rob estaba muy preocupado, ya habían pasado cuatro días y no tenía noticias de North Fork Bob y comenzaba a empeorar el clima. La tormenta se había apoderado de la isla. Con el transcurrir de los días su angustia cayó en la desesperanza. Esperaba una señal en su PC. En todos esos viajes las águilas tenían contratiempos. Contratiempos que superaban. Rob tenía el palpito que North Fork Bob estaba bién. Sólo un tema técnico de comunicación impedía saber de ella. Podía suceder que perdiera un águila o que la tormenta obstaculizara toda comunicación o finalmente el huracán había detenido su vuelo. Cualquier teoría de seguro había impedido proseguir el viaje. Siguió cavilando Rob, en la comodidad de su laboratorio, con calefacción, comida, teniendo siempre en su mente a North Fork Bob. Sin embargo, las noticias de Sandy el huracán eran desvastadoras. Aún cuando dañino, tomar café fue un refugio. Día tras día, Rob esperaba una señal. Pero North Fork Bob no aparecía. Rob escribió correos electrónicos sobre las ultimas coordenadas a colegas biólogos en la isla Dominicana para ver si lograban ubicarla, pero todo fue infructuoso. No aparecía. En la espera desde su sala de monitoreo, se quedó pensativo. Rob había dejado de volar parapentes a raíz de una fractura de su pierna. El también querìa volar. Ver todo desde arriba y seguir las águilas fue la forma en que seguría volando, siguiendo sus vuelos migratorio año tras año. Finalmente el 9 de Noviembre a las 11 de la mañana, el transmisor comenzó a emitir señal, North Fork Bob estaba vivo y estaba saliendo de República Dominica, al Mar Caribe. El transmisor no se dañó y su águila estaba ahora volando la distancia mas larga del trayecto. La alegría fue inmensa y para celebrar Rob, preparó mucho café. No podía separarse de la pantalla del computador. Fueron aproximadas 25 horas seguidas de vuelo, donde acompañó a su águila, sin cerrar los ojos, sin parpadear siguiendo segundo a segundo su vuelo, su batir de alas. Este era el vuelo largo y un trayecto difícil. Finalmente llegó a Venezuela destino que escogió nuevamente North Fork Bob huyendo del gélido invierno . Al llegar a Venezuela North Fork Bob pasó dos semanas en los Llanos específicamente en el Estado Apure y de aquí siguió al Río Ventuarí. Habìa recorrido North Fork Bob aproximados 5000 kilómetros. Esta águila se queda entre nosotras hasta la mitada del mes de Marzo como fecha límite. Rob reflexivo a partir de este tercer viaje, finalmente se quitó el café. Era mucho mas sencillo que volar 25 horas sin parar y con el viento en contra. 



Fotografías: Rob Bierregaard 
Textos: Rosa Elena Albornoz 
http://www.ospreytrax.com/

domingo, 16 de febrero de 2014

Por un cambur

Somos escandalosas y parecemos gallinas. Nuestro vuelo es notorio y cuando aterrizamos nuestra cola y timón nos ayuda a caer suave y sin tropiezos. Una cola rufa que nos distingue entre el verdor. Las Guachararcas despertamos a muchos caraqueños con cada uno de nuestros cantos y llamados. Y en verano, cuando se consigue menos alimento, el comedero de la señora Teo en Cumbres es la opción. 

Pero la señora a veces tiene y no tiene cómo darnos de comer y entre todos los pájaros que llegan a su comedero se crea un ambiente parecido a una especie de pista de aterrizaje, concurrida, como el Aeropuerto Internacional de Atlanta Hartsfield-Jackson dónde varios pájaros se abastecen rápidamente de combustible. Pero en este comedero,  nadie quiere partir. Todos quieren permanecer.




Llegar al comedero es toda una competencia. Hay que estar pendiente si no hay otros pájaros o sino hay humanos que quieran verlo muy de cerca a uno. Algunos tienen unas ramitas para que comamos cómodos y en privacidad. Cuando la señora Teo coloca cambur, es la comida mas preciada por todos. El Cambur, una fiesta para nuestro paladar hace que de inmediato avise a mis compañeros de vuelo con un escandaloso llamado. Cuando llegué días atrás al comedero, la señora Teo me dijo “ Mira déjale a los chiquitos” y entonces me fuí un poco asustada, porque se me acercó mucho. Ella no sabe que también tengo mis chiquitos.  Al parecer tiene preferencia por los pájaros pequeños,  esos que tienen colores, los azulejos, los que tienen amarillos, marrones y negros como los Cristofué, o como los Gonzalitos,  o por los que tienen tonalidades rojitas como los Carpinteros. Entonces me quedé un poco triste en el arbusto frente al balcón de su casa. Volví a saltar y me volvió a correr. Me volví a ir, pero en el siguiente vuelo me repitió “ Tengo poquitos cambures, déjale a los chiquitos” y me marché nuevamente. Desde el arbusto ví como regresaba a  la plataforma un Carpintero a quién no corrió.  Entonces volví a saltar, el Carpintero se fué y junto a tres Guacharacas volamos al comedero para quedarnos un rato y volvió la señora Teo a repetir ” No tengo muchos cambures dejen que coman mis chiquitos” y entonces nos marcharmos.

Tanta fue la insistencia en no dejarme comer, porque prefiere a su chiquitos, que le traje a mi chiquito para que ella conozca que tengo también tengo que dar de comer a mi pequeñito y que también mis amigas de vuelo quieren comer un delicioso cambur . Desde entonces la señora Teo no me corre cuando llego me deja comer tranquila y relajada en su comedero.


Textos y fotografías por : Rosaelena Albornoz 

domingo, 2 de febrero de 2014

Apollo 14





La luna que embruja. La luna que fascina y cautiva. Luna visitada por exploradores espaciales, durante muchos programas espaciales Apollo. Me intriga. Me llama la atención y en mi mente la visito. La recorro. La detallo. Veo sus cráteres. Trato de imaginar que debe haber sido la prueba de volar hasta allá. Los miedos. Los obstáculos. El despegue. Aterrizar en la luna. Caminar sobre ella.  Los aparatos de la NASA que medían el curso de la frecuencia cardíaca de los astronautas advirtieron una subida de la velocidad de los latidos del corazón cuando Edgar Mitchell realizó su caminata lunar. Nunca supe si fue del cansancio, si fue de la emoción. Mitchell fue de los astronautas mas interesantes de todo el programa apollo.


El espacio es bello,  extraño. Flotar. Estar sin gravedad,  es algo mágico, fantástico. Hecho que puede ser fácilmente añorado  por la imaginación de un niño. Asi se expresó Edgar Mitchell, cuando hizo su histórico viaje a la luna en el apollo 14. Lo místico de su viaje al espacio, es como un suerte de epifanía. En su viaje de retorno a la tierra, advirtió una conexión con la inteligencia del universo, una especie de euforia, un estado de contemplación y admiración  que hizo que Mitchell sea de los pocos astronautas y exploradores espaciales cuyo viaje a la luna cambio el curso de su existencia.



Creo en  una inteligencia universal,  que nos conecta con algo Superior, grande e inmenso.  Si exploro, si busco, si contemplo, si admiro, una flor, un pájaro, una mariposa,  si estoy rodeada por un paisaje lleno de energía,  descubro que esa inteligencia me emociona y entonces así, como Mitchell se aceleran los latidos de mi corazón. 

Textos:
Rosaelena Albornoz
Fuente:Dalla Terra a la Luna. RAI podcast
Fotografía: Edgloris Marys, Rosaelena Albornoz