sábado, 14 de marzo de 2015

Rodeado de Hojas






Luego del susto que me llevé con ese perro, logré llegar hasta aquí. No sé ni cómo pero llegué. Desde aquí todo es mas claro y me siento mas cerca de quien soy en realidad. Al menos no me morderán. Lo que no sé aún es cómo me bajaré y si regresaré. Esta historia de fugas voluntarias o no,  se repite por tercera vez. Me recuerdo de mis primeros días de  nacido, cuando fui arrebatado violenta y rápidamente de los brazos de mi madre. Un frío recorría mi cuerpo. Descubrí lo que era capaz de hacer un ser humano por codicia. Tristeza y llanto para mi madre de quién no supe mas y ella no supo mas de mí. Por días deambulé en una caja de zapatos, pues soy pequeñito. Finalmente me dieron la bienvenida en este nuevo hogar que ha sido mi resguardo, mi refugio. Crecí huérfano de padres, y ahora estos padres de crianza me dieron unos hermanos que me adoptaron como un hermano menor, con todos los cariños y cuidados.  Pero en mi interior, buscaba la voz de mi madre, la única, la verdadera. Mis padres biológicos estaban siempre presentes, pero me confundía no recordar mi origen y aquí estoy otra vez, en  su búsqueda a ver si desde las ramas los  volvía a ver.
-Paul, Paul bajate de la rama, bajate de allí- gritaba la niña que siempre acompañaba a la Dok-to.
Desde abajo seguían todos mis movimientos con caras de angustia y me volvían a llamar. Pero esta vez si estaba decidido, me quedaría aquí rodeado de hojas y ramas que me hacían sentir fuerte y me hacían abrigar mis sueños otra vez. En esta oportunidad si estaba decidido. Me fugaría. Años atrás viví algo parecido y pensé que moriría ahogado o que sería llevado por la corriente, pero Andrés fue quién nadó a través del canal en mi búsqueda. Me rescató a pesar de no tener mas de doce años. Ese era un canal muy transitado por veloces lanchas. Me tomó con uno de sus brazos y con el otro con suma dificultad avanzaba, y así regresé de nuevo, en el brazo salvador de Andrés. Creo que entendí me amaban, y aunque había jurado que no regresaría, me deje llevar.
-Paul Paul baja de allí que se va hacer de noche-grito la Dok-to
Minutos luego de este llamado que desobedecí, un escalofrío recorrió mi cuerpo y entré en pánico ya era de noche. Nunca había estado fuera de mi casa, ni siquiera en las famosas piyamadas que hacen todos los niños a su edad donde usualmente hay una sección de cuentos de terror. Yo a pesar de todo estaba conforme con lo que me estaba tocando vivir, pero siempre sentía el llamado de mi naturaleza. Sin embargo, el verde  de las ramas tampoco me hacía familiar la noche. Sin cobija, sin sábanas, sin almohada, que siempre supe compartir en las siestas con mi hermano Andrés, me sentía extraño y solo. Las hormigas me molestaron, no conocía los murciélagos, las ranas me molestabas con su croar y la angustia de una noche y llena de sonidos desconocidos, no me dejaron dormir. Pase una noche de vigilia esperando el amanecer.
Al día siguiente, mientras despuntaba el sol, me decidí .
-Paul, Paul bajate de allí-, gritaban abajo del árbol mas niños y la Dok-to. Llegó Jorge el ayudante del observatorio de aves con una larga vara y una escalera y cómodamente me subí a la caña que trajo. Así bajé bajo una lluvia de vítores y  aplausos. Había vuelto esta vez,  transitando entre mis súbitos, como suspendido en una silla real , aclamado. Regresaba de un reino a otro,  como un ejemplar único. Claro, soy Paul, un amado y querido Loro Real.

Otras verdades de Paul
Paul es un simpático Loro Real (Amazona ochrochephala), que llegó a casa de la Dra Cecilia en su observatorio de aves en la Cortada del Guayabo Amarantha Casa de Colibríes. Paul le fue dado a cuidado de la muy conocida  Dok-to, como bien le dicen los niños de la calle Codazzi,  por la mejor amiga de la Dra.,  quién forzosamente emigró a un país donde iba a ser muy difícil ingresar a Paul. Lo maravilloso de la historia es que Paul, así como cientas de similares historias con Loros Reales, quiénes son bajados de los nidos para venderse, con la dolorosa pérdida de sus lazos naturales , se integró muy bién a ese núcleo  familiar  donde fue atendido como un miembro mas, incluso lo llevaban de playa en sus viajes los fines de semana a Río Chico. La migración de esos venezolanos al exterior  le dio una nueva posibilidad a Paul. Vivir rodeado de naturaleza en la Cortada del Guayabo y de niños que son su emoción y fascinación. Cuando vayan por alla pueden conocerlo.

Textos e ilustración
Rosaelena Albornoz M.