lunes, 27 de octubre de 2014

Unos Flamencos y pacíficos Gabanes




Un buen día la laguna habló viendo como los Gabanes Huesitos y los Flamencos discutían. La laguna viendo la resistencia y tensión de ambos les dijo: Como Ustedes no logran ponerse de acuerdo para comer mis frutos,  mis cangrejos, mis peces, mis camarones, creyendo que se agotan y no son suficientes,  yo como  agua me secaré,  y Ustedes se van a tener que ir de aquí o comer compartiendo lo que hay ¿ Cómo van a ponerse de acuerdo y servirse los unos a los otros ?

Con tal dictamen sobre sus cabezas, ambas aves acuáticas buscaron el Juez la Cotúa  Olivácea toda negra y sobria de cristalinos ojos marinos que miran mas allá de toda mentira y le plantearon el problema de la sequía de la laguna,  la escasez y quién comía mas o quién comía menos. El Gaban Huesito expuso el inconveniente de ponerse de acuerdo con los Flamencos argumentando que no le parecía necesario porque ellos metían medianamente su cabeza en el agua y los Flamencos la metían completa porque filtran el agua,  así que se podía concluir que quiénes comen mas son los Flamencos y que ellos en todo caso son los que deben irse. Los Flamencos expusieron que ellos perderían sus vestidos de color rosados-naranja si los obligaban a marcharse y que quedarían incoloros y descoloridos y que así no podrían volar porque no se iban a poder reconocer los unos a los otros en el azul del cielo.


 La Cotúa Olivácea les dijo: -Muy bien cada quién dio su explicación  no sé aún porque piensan que necesitan comer tanta comida , no les parece que pueden  compartir el agua ? Respondió el Gabán, que no porque ellos que vuelan a  ochocientos metros sobre la laguna, con el frío que hace allá arriba necesitan sostener su vuelo por varias horas y como  volar requiere mucha proteína y mucha energía ellos necesitan asegurar su comida. Seguidamente contestaron los Flamencos, quiénes no necesitan mucha comida porque con pararse en una sola pata conservan su calor aún cuando el agua de la laguna se enfría así que intervino nuevamente el Gabán y comenzó de nuevo la discusión. Intervino nuevamente la Cotúa: Señores no se diga mas. Visitaré a cada grupo de aves y anotaré que puede hacer el uno por el otro ya que se les hace difícil distinguir en qué son buenos y para qué son buenos.

Al día siguiente la Cotúa Juez se fue con su libreta y sus binoculares y vió como los  Flamencos se movían coreográficamente de un lado a otro, cómo movían sus picos y patas en un baile armonioso y acompasado y anotó son buenos bailando.

Siguió para los Gabanes y escuchó  sus picos ruidosos, como si se tratara del rítmico sonido emitido por las castañuelas españolas y anotó son buenos tocando las castañuelas.
Al día siguiente fueron llamados Gabanes y Flamencos y la Cotúa Juez dictó la sentencia para ordenar al agua que no se secara
- Para que la laguna no se seque los Flamencos han de bailar al son de las castañuelas de los Gabanes.

 A partir de ese dia cuando los Flamencos bailan es que mas atrás deben estar los Gabanes tocando con sus picos las sonidos agudos y graves de las castañuelas, encendiendo el fuego carmín de sus alas . Así la laguna no se secó y el fruto abundó.

Textos: Rosaelena Albornoz
Fotografías: Edgloris Marys
tweeter: @AlbornozRosa y @ysiempreverde

domingo, 19 de octubre de 2014

Habla la Naturaleza...vas a escuchar?

Seis famosos actores/directores de cine Norteamericanos han prestado sus voces para uno de los proyectos más ambiciosos de Conservación Internacional: "Nature is Speaking". Bajo el hashtag #NatureIsSpeaking, la organización sin fines de lucro produjo una serie de impresionantes videos en los cuales la tierra, los bosques, océanos y otros elementos son protagonistas. 
Nature is Speaking... will you listen?

viernes, 10 de octubre de 2014

¿Y qué dijo el colibrí ?



El Cola de Hoja Ocreatus underwoodii tenía ya varios días buscando la flor roja de múltiples hebras de la cual tanto se hablaba en la montaña. El poder de esa flor era un néctar que otorgaba energía y vigor a quien se alimentaba de ella. Era un tiempo cercano a las primeras lluvias, donde había muchos árboles en flor, pero no todos de néctar vigoroso. Al no haber muchos insectos, y con una clara falta de agua, el Cola de Hoja se dispuso a volar buscando la poderosa flor.

Llegó el Cola de Hoja underwoodii luego de tres días de vuelo en la montaña muy temprano en la mañana a un árbol de distancia de la renombrada flor roja de Cepillo y vio el obstáculo que le hizo pensar que no podía llegar jamás a sus estambres. No quería siquiera soñar probarla y mucho menos pensar en alimentarse de su néctar al ver que tenía que superar la barrera de cientos de Colibrí Serrano Gargantiazul (Adelomya melanogenys) que revoloteaban la flor. Sus vuelos intimidaban al que pretendía acercase. La protegían como celosos guardianes. La flor de múltiples estambres, alimentaba y soltaba el néctar si el vuelo de los colibríes eran con estilo acrobático. Y si eran fieros en su defensa, mas los alimentaba. Ese era la forma en que ella les pagaba por sus vuelos. Y así una exhibición permanente de múltiples colibríes la rodeaban. 

El Cola de Hoja se preguntó así mismo ¿Cómo poder probarla si ellos vuelan más rápido, con mas fuerza, y son mas escandalosos cuando comen ? Cuando volaban se hacían sentir, demostrando vigor y fortaleza. Yo en cambio -se decía a si mismo- soy de vuelo lento, no hago mucho ruido y cuando me alimento me cuesta mucho levantar mi cola como lo hacen los Serranos. Cuando me alimento apenas logro abrir la cola porque tengo dos hojas pesadas que guindan de ella. Cuando finalmente se decidió en ir volando en su primer intento hacia la flor de cepillo, se quedó enredado por su larga cola entre hojas y ramas y todos se rieron de él. Su cola era un impedimento que le hacía que su vuelo no fuera rápido, sino cuidadoso y lento. No podía con la frustración e indignación.

Al segundo intento al finalizar la tarde de ese día, comenzó a caer un tremendo palo de agua, el primero de la temporada, que lo detuvo a la mitad del trayecto, lo que le hizo retirarse. Ya perturbado por el hambre y por la contrariedad y su imposibilidad de volar con destreza, le costó conciliar el sueño. ¿Cómo podría llegar a la flor sintiéndose tan torpe y sin saber volar acrobáticamente como todos lo hacían? Él no tenía más nada consigo que su cansancio, su frustración y dos hojas que colgaban de su cola. Al día siguiente en el alboroto del amanecer, el Cola de Hoja underwoodii veía como comenzaban los vuelos acrobáticos de los Serranos Gargantiazules, que llegaban hasta lo alto del árbol y caían con gran velocidad. 

Ese día se cansó de sentirse menos y gritó a todos a viva voz y muy fuertemente: “Me siento mal por no volar como ustedes, porque yo vuelo como un abejorro, son mejores que yo en vuelo, en velocidad, en defensa pero mi larga cola trae dos hojas para la flor que serán de su agrado” y lo dijo como para coger fuerza ante los Serranos. Así se lanzó, sin temor, volando con su estilo abejorro, lento, callado y sin algarabía, voló abriendo sus alas entre ramas, palos, no se enredó con su cola, que logró dominar, maniobró, esquivó a varios Serranos que intentaron bloquearlo, se llenó de un coraje que no tenía y así finalmente con calma y con un gracioso vuelo, llegó a los estambres y a la flor de cepillo, quién descargó su néctar y esta es la foto del momento en que Cola de Hoja se alimentaba de la flor. Mientras los Serranos siguieron su disputa de quién acrobáticamente volaba mejor.

Texto: Rosaelena Albornoz
Fotografía: Edgloris Marys