domingo, 16 de febrero de 2014

Por un cambur

Somos escandalosas y parecemos gallinas. Nuestro vuelo es notorio y cuando aterrizamos nuestra cola y timón nos ayuda a caer suave y sin tropiezos. Una cola rufa que nos distingue entre el verdor. Las Guachararcas despertamos a muchos caraqueños con cada uno de nuestros cantos y llamados. Y en verano, cuando se consigue menos alimento, el comedero de la señora Teo en Cumbres es la opción. 

Pero la señora a veces tiene y no tiene cómo darnos de comer y entre todos los pájaros que llegan a su comedero se crea un ambiente parecido a una especie de pista de aterrizaje, concurrida, como el Aeropuerto Internacional de Atlanta Hartsfield-Jackson dónde varios pájaros se abastecen rápidamente de combustible. Pero en este comedero,  nadie quiere partir. Todos quieren permanecer.




Llegar al comedero es toda una competencia. Hay que estar pendiente si no hay otros pájaros o sino hay humanos que quieran verlo muy de cerca a uno. Algunos tienen unas ramitas para que comamos cómodos y en privacidad. Cuando la señora Teo coloca cambur, es la comida mas preciada por todos. El Cambur, una fiesta para nuestro paladar hace que de inmediato avise a mis compañeros de vuelo con un escandaloso llamado. Cuando llegué días atrás al comedero, la señora Teo me dijo “ Mira déjale a los chiquitos” y entonces me fuí un poco asustada, porque se me acercó mucho. Ella no sabe que también tengo mis chiquitos.  Al parecer tiene preferencia por los pájaros pequeños,  esos que tienen colores, los azulejos, los que tienen amarillos, marrones y negros como los Cristofué, o como los Gonzalitos,  o por los que tienen tonalidades rojitas como los Carpinteros. Entonces me quedé un poco triste en el arbusto frente al balcón de su casa. Volví a saltar y me volvió a correr. Me volví a ir, pero en el siguiente vuelo me repitió “ Tengo poquitos cambures, déjale a los chiquitos” y me marché nuevamente. Desde el arbusto ví como regresaba a  la plataforma un Carpintero a quién no corrió.  Entonces volví a saltar, el Carpintero se fué y junto a tres Guacharacas volamos al comedero para quedarnos un rato y volvió la señora Teo a repetir ” No tengo muchos cambures dejen que coman mis chiquitos” y entonces nos marcharmos.

Tanta fue la insistencia en no dejarme comer, porque prefiere a su chiquitos, que le traje a mi chiquito para que ella conozca que tengo también tengo que dar de comer a mi pequeñito y que también mis amigas de vuelo quieren comer un delicioso cambur . Desde entonces la señora Teo no me corre cuando llego me deja comer tranquila y relajada en su comedero.


Textos y fotografías por : Rosaelena Albornoz 

domingo, 2 de febrero de 2014

Apollo 14





La luna que embruja. La luna que fascina y cautiva. Luna visitada por exploradores espaciales, durante muchos programas espaciales Apollo. Me intriga. Me llama la atención y en mi mente la visito. La recorro. La detallo. Veo sus cráteres. Trato de imaginar que debe haber sido la prueba de volar hasta allá. Los miedos. Los obstáculos. El despegue. Aterrizar en la luna. Caminar sobre ella.  Los aparatos de la NASA que medían el curso de la frecuencia cardíaca de los astronautas advirtieron una subida de la velocidad de los latidos del corazón cuando Edgar Mitchell realizó su caminata lunar. Nunca supe si fue del cansancio, si fue de la emoción. Mitchell fue de los astronautas mas interesantes de todo el programa apollo.


El espacio es bello,  extraño. Flotar. Estar sin gravedad,  es algo mágico, fantástico. Hecho que puede ser fácilmente añorado  por la imaginación de un niño. Asi se expresó Edgar Mitchell, cuando hizo su histórico viaje a la luna en el apollo 14. Lo místico de su viaje al espacio, es como un suerte de epifanía. En su viaje de retorno a la tierra, advirtió una conexión con la inteligencia del universo, una especie de euforia, un estado de contemplación y admiración  que hizo que Mitchell sea de los pocos astronautas y exploradores espaciales cuyo viaje a la luna cambio el curso de su existencia.



Creo en  una inteligencia universal,  que nos conecta con algo Superior, grande e inmenso.  Si exploro, si busco, si contemplo, si admiro, una flor, un pájaro, una mariposa,  si estoy rodeada por un paisaje lleno de energía,  descubro que esa inteligencia me emociona y entonces así, como Mitchell se aceleran los latidos de mi corazón. 

Textos:
Rosaelena Albornoz
Fuente:Dalla Terra a la Luna. RAI podcast
Fotografía: Edgloris Marys, Rosaelena Albornoz