viernes, 10 de octubre de 2014

¿Y qué dijo el colibrí ?



El Cola de Hoja Ocreatus underwoodii tenía ya varios días buscando la flor roja de múltiples hebras de la cual tanto se hablaba en la montaña. El poder de esa flor era un néctar que otorgaba energía y vigor a quien se alimentaba de ella. Era un tiempo cercano a las primeras lluvias, donde había muchos árboles en flor, pero no todos de néctar vigoroso. Al no haber muchos insectos, y con una clara falta de agua, el Cola de Hoja se dispuso a volar buscando la poderosa flor.

Llegó el Cola de Hoja underwoodii luego de tres días de vuelo en la montaña muy temprano en la mañana a un árbol de distancia de la renombrada flor roja de Cepillo y vio el obstáculo que le hizo pensar que no podía llegar jamás a sus estambres. No quería siquiera soñar probarla y mucho menos pensar en alimentarse de su néctar al ver que tenía que superar la barrera de cientos de Colibrí Serrano Gargantiazul (Adelomya melanogenys) que revoloteaban la flor. Sus vuelos intimidaban al que pretendía acercase. La protegían como celosos guardianes. La flor de múltiples estambres, alimentaba y soltaba el néctar si el vuelo de los colibríes eran con estilo acrobático. Y si eran fieros en su defensa, mas los alimentaba. Ese era la forma en que ella les pagaba por sus vuelos. Y así una exhibición permanente de múltiples colibríes la rodeaban. 

El Cola de Hoja se preguntó así mismo ¿Cómo poder probarla si ellos vuelan más rápido, con mas fuerza, y son mas escandalosos cuando comen ? Cuando volaban se hacían sentir, demostrando vigor y fortaleza. Yo en cambio -se decía a si mismo- soy de vuelo lento, no hago mucho ruido y cuando me alimento me cuesta mucho levantar mi cola como lo hacen los Serranos. Cuando me alimento apenas logro abrir la cola porque tengo dos hojas pesadas que guindan de ella. Cuando finalmente se decidió en ir volando en su primer intento hacia la flor de cepillo, se quedó enredado por su larga cola entre hojas y ramas y todos se rieron de él. Su cola era un impedimento que le hacía que su vuelo no fuera rápido, sino cuidadoso y lento. No podía con la frustración e indignación.

Al segundo intento al finalizar la tarde de ese día, comenzó a caer un tremendo palo de agua, el primero de la temporada, que lo detuvo a la mitad del trayecto, lo que le hizo retirarse. Ya perturbado por el hambre y por la contrariedad y su imposibilidad de volar con destreza, le costó conciliar el sueño. ¿Cómo podría llegar a la flor sintiéndose tan torpe y sin saber volar acrobáticamente como todos lo hacían? Él no tenía más nada consigo que su cansancio, su frustración y dos hojas que colgaban de su cola. Al día siguiente en el alboroto del amanecer, el Cola de Hoja underwoodii veía como comenzaban los vuelos acrobáticos de los Serranos Gargantiazules, que llegaban hasta lo alto del árbol y caían con gran velocidad. 

Ese día se cansó de sentirse menos y gritó a todos a viva voz y muy fuertemente: “Me siento mal por no volar como ustedes, porque yo vuelo como un abejorro, son mejores que yo en vuelo, en velocidad, en defensa pero mi larga cola trae dos hojas para la flor que serán de su agrado” y lo dijo como para coger fuerza ante los Serranos. Así se lanzó, sin temor, volando con su estilo abejorro, lento, callado y sin algarabía, voló abriendo sus alas entre ramas, palos, no se enredó con su cola, que logró dominar, maniobró, esquivó a varios Serranos que intentaron bloquearlo, se llenó de un coraje que no tenía y así finalmente con calma y con un gracioso vuelo, llegó a los estambres y a la flor de cepillo, quién descargó su néctar y esta es la foto del momento en que Cola de Hoja se alimentaba de la flor. Mientras los Serranos siguieron su disputa de quién acrobáticamente volaba mejor.

Texto: Rosaelena Albornoz
Fotografía: Edgloris Marys

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