sábado, 19 de abril de 2014

Una caída estrepitosa


Carmela leía un libro cuando sintió un ruido aparatoso, que parecía venir de la ventana del vecino. Se paró y fue a la ventana. Todo estaba normal. Debe haber sido imaginación mía, se dijo. El sueño la venció y decidió dejar la lectura hasta allí. Continuaría el día siguiente. Al levantarse muy tranquila, luego de un reparador sueño, se asomó desde su cocina por la ventana y se asustó por lo que vió , un zamuro perchado en el pretil de la ventana del vecino del piso cuatro en un pretil que además tenia un florero con flores secas recordando un amor pasado o una ofrenda olvidada. El escenario era medio tétrico. Eran las 6 y media de la mañana de un día domingo. No había ruido  del vecindario. Carmela se agitó y pensó, este debe haber sido el ruido que sentí anoche. Este zamuro se cayó o tiene muchas horas allí  tratando de salir luchando con esa persiana. ¿Tendrá una pata rota ? ¿o un ala rota ? Carmela fue a buscar sus binoculares le gustaba observar aves y su sorpresa fue aún mayor, no había visto tan cerca a un zamuro. Logró detallarle que en el cuello le saltaban unos cositas negras, unas tras otras . Eran como unos insectos, moscas, pegones o algo así, que le recorrían el cuello. Le pareció asqueroso pero a la vez cómico. Parecía un circo de alegres acróbatas. Mientras el zamuro miraba asustado a Carmela. Se movía sin quitar la mirada sobre ella. Carmela entraba y salía de la ventana. Se hizo un café negro para despertarse y estar a tono. Y siguió observando con sus binoculares al zamuro. No salía de su asombro. Un zamuro en el vecindario ! Pero del asombro pasó de inmediato la preocupación del destino del zamuro. Cuando se despertarían los vecinos se iban alarmar y quién sabe que iba a ocurrir. Carmela comenzó a ver las posibilidades de salvarse el zamuro. En caso que lograra volar,  la distancia que había entre la pared del edificio y la ventana era insuficiente, corta. No iba a poder impulsarse para salir volando. El zamuro no iba a suicidarse y lanzarse hacia abajo. Volar hacia arriba iba ser imposible. El cielo estaba lejos. Mientras preocupada por el destino del zamuro y cómo iba salir de allí, lo seguía observando. Los insectos saltarines parecían hacer una función especial.  El zamuro cada vez estaba mas nervioso. El sol seguía levantando y Carmela decidió salir a desayunarse en la pastelería. Y mientras se vestía pensó, llamar a los bomberos para que lo saquen de allí, porque aparentemente  no hay nadie en ese apartamento. Si pasó allí la noche es que no había nadie. Asi que sería mas difícil ayudarlo.  Se marchó a la pastelería y allí mientras tomaba otro café y comía un pastelito recibió la llamada de su  vecina Martha
–Vecina buenos días ¿vistes al zamuro ? que pavoso ! Mira que hacemos porque ese zamuro trae mala vibra. Hay que sacarlo. Voy a llamar a los bomberos para que se lo lleven ¿ que se te ocurre a ti ?
-Vecina llamé a los bomberos pero me dijeron que llegarían cuando no tuvieran ningún caso que atender, estan ocupados. Bueno esperemos, ya vendrá la ayuda. Carmela colgó la llamada e intentó comer su pastelito. Se quedó preocupada. Pobre zamuro, se dijo,  dentro de poco seguirían sacándole el cuerpo otros vecinos, mirándolo feo con sus comentarios y críticas, si era pavoso, si alguien se había muerto, si era calamitoso, en fin. Lo que siempre dicen de los zamuros.

Mientras leía la prensa Carmela recibió una llamada. Vecina ya está resuelto el problema del zamuro. Llegó el dueño del apartamento y le echó un balde de agua, el pobre zamuro voló golpeándose contra las ventanas y se paró en la ventana del piso dos El bicho no sabía como volar entre las paredes internas del edificio. Y como quedó atontado los vecinos gritaban que pavoso ! que asco ! alguien se va a moriiiir ….! entre esos gritos los vecinos se debatían y cómo los bomberos no dieron seguridad de venir Frankys pidió permiso a la vecina del piso dos para entrar a su apartamento y cargar al zamuro. Lo cargó sin asco. Tu sabes el creció en el campo. Simplemente lo cargó y el zamuro se dejó cargar. Lo soltamos en la azotea y salió volando muy de prisa.  Carmela sonrió. Alguien finalmente se compadeció ayudando al zamuro a salir del laberinto.


Textos e ilustración: Rosaelena Albornoz

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